
Hoy era un día muy especial para mi pequeño. Lucas iba por primera vez a una excursión en la que pasaría la noche fuera de casa, con sus compañeros de clase. Ya se ha quedado a dormir en casa de los abuelos, y también en casa de su mejor amigo Mateo… pero esto era diferente.
Es su último año en Infantil y adora a su profesora. Va a echarla de menos hasta que termine la Educación Primaria, estoy segura. Ella es una persona dulce que ha conectado con mi hijo y las peculiaridades de su carácter sensible desde el principio. Además iban a una granja-escuela. Animales. Lucas se vuelve loco con los animales.
El caso es que el pasado fin de semana, empezó la fiebre en casa. Stella se puso malita y automáticamente, todos la seguimos. Qué vamos a hacerle. Somos una familia generosa en la salud y en la enfermedad… todos a una. Así que llevo con ellos en casa desde el viernes que fue fiesta, tratando de que no cogieran más frío para que Lucas se repusiera y fuese a la excursión. Pero no, Lucas ha empeorado. Ayer, como último recurso, lo llevé a la doctora que me confirmó que tenía laringitis y faringitis, vamos, ni hablar de pasar la noche fuera.
Se lo dijimos su papi y yo con el mayor tacto posible y prometiendo que iríamos con su amigo Mateo a una granja algún fin de semana… Lucas pareció comprender todo de una forma admirable. Ni una lágrima, una sonrisa, un “vale, papi; gracias, mami” parecían poner punto final a mi nerviosismo.
Hasta ayer por la noche. Hora de dormir y Lucas llorando como una magdalena.
– ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?
– Mamá, es que yo quería ir a la granja. Quería ir DE VERDAD. Quería compartir un viaje con mis compañeros…. y con Queti. Es que no la voy a poder ver más en Primaria, ¿sabes? Mamá, déjame ir. Además, ya has pagado. (En eso no había caído, otra razón para desanimarse)
Triste y preocupada, le explico que no es responsable dejarle ir enfermo, que podría contagiar a los demás y que se podría poner peor. Que es necesario que se quede en casa porque hay que ser responsable.
– Ser adulto es un rollo. Yo no quiero ser responsable. Quiero ser pequeño, ir a la granja y llorar si quiero llorar.
Así que nuestra noche D, que tan nerviosa me ponía imaginando a mi pequeño desorientado en una litera en medio de la noche, se convirtió en la noche Decepcionante.
Primera experiencia con viajes escolares…no satisfactoria.
Menos mal que hoy se ha levantado con una sonrisa en la cara, diciendo que había soñado con la granja y que en los sueños uno no tiene por qué estar malito y faltar. Recursos para escapar de la decepción.
Canciones para esos días tristones…El maravilloso Elliott Smith y sus poemas folk.
Canciones para levantar el ánimo…Stereo Total, un bombazo con su “I love you ono“, pero os dejo mi preferida para bailotear con los pequeños.