Not lazy…overwhelmed

La gente ha pasado este confinamiento de maneras distintas. Algunos han aprovechado para hacer limpieza, leer libros, cocinar, hornear pan, hacer deporte, el cambio de armarios, jugar en familia a juegos de mesa, jardinería, proyectos, estudios, videovermús… Otros han sobrevivido a pesar de doblar turnos, tener que lidiar con la educación a distancia de los niños y la cantidad desmesurada de correos entre profesores y familias, tener a familiares enfermos en hospitales o aislados en casa, la tensión de no saber, salir a trabajar con el camión, ver que enferma algún compañero…

Yo estoy en un punto medio. No es que no haya hecho nada. Pero he estado a ratos bien, tranquila, instalando rutinas que nos ayudasen a sobrellevar esto con cordura y suavemente. Otros ratos he estado desbordada, dando apoyo a hijas que lloran desconsoladas porque no aguantan más esta situación, acompañando enfados de hijos que se plantean cosas demasiado existenciales para su edad y viendo como un compañero de vida se mata a trabajar para sacar a esta familia adelante.

Y aquí estoy yo. Entre lloros, paseos, respiraciones… sin mi piano para desahogarme, sin poder concentrarme en leer o estudiar. Sin querer hornear panes, sin ganas de seguir con mi rutina deportiva, con tranquilidad general y pánico momentáneo, con rabia cuando veo las noticias que me confirman que somos un país al que unos cuantos se empeñan en dividir, con alegría cuando veo tanta gente buena haciendo lo que puede por los demás.

No puedo decir que he hecho mucho este confinamiento. He cuidado de los míos, he respirado hondo. Hemos sobrevivido mentalmente. O en ello estamos.

 

Días de confinamiento, días de lluvia, días de verde y amarillo desde la ventana, de amapolas que salpican de rojo el campo de margaritas que se extiende ante mí.

Semanas de mirar por el ventanal pero no ver lo que hay delante. Semanas de ver los campos de trigo moverse con el viento y pensar en el océano.

Meses de echar de menos, imaginar que estoy en otro lugar escuchando las olas y las risas de los míos.

Si me concentro mucho, siento la brisa salada en la cara y cómo mi pelo se vuelve loco con la humedad. Si cierro los ojos, escucho el rumor de las olas y siento la arena calentita en mis manos.

Esto también va a pasar. Pronto. Espero. Deseo.

Reactivar un blog no es fácil. Es como dejar en pausa la vida y luego seguir, como si nada hubiera pasado.

Este año está siendo una pausa obligada en muchas áreas. Se han acabado las risas con los amigos en directo, los abrazos al verse, el jaleo en las calles que siempre asoma en primavera, el poder dar vueltas por ahí sin justificación alguna, los trabajos, los estudios, algunos proyectos, las salidas, los conciertos, los negocios, la intimidad, el silencio… Ahora nunca estoy sola y al mismo tiempo, el sentimiento de soledad es fuerte.

Reactivar una vida no es fácil. Es como dejar un blog en blanco mucho tiempo y luego seguir escribiendo, como si nada.

Escribir estos años ha sido imposible. No sólo por falta de tiempo, sino por falta de ganas, de motivación y enfoque. ¿Qué puedo compartir que sea valioso? ¿Escribo para compartir o escribo porque quiero? Escribir es imposible cuando no te da tiempo a digerir y poner orden. Y no hace falta caos para que te falte el tiempo.

Reactivar la creatividad no es fácil. Es como dejar un cuadro en boceto durante años y luego seguir pintando, como si la pintura siguiera fresca.

Pero a veces las pinturas se secan y se quedan viejas. Ya no sirven. Y te toca reponer todo lo que se ha desperdiciado. Cuesta un poco, pero vale la pena.

Volver a tocar música no es fácil. Es como parar de tocar tu instrumento favorito un día y no volver a sentarte frente a él durante años; y cuando vuelves a mirarte en su reflejo, sonríes pero miras con miedo. ¿Serás capaz de hacer que suene algo bonito otra vez?

¿Seré capaz?

Barking up the wrong tree

Todos los días veo noticias, leo comentarios y estados en redes sociales de gente enfadada. Gente que se enfada y lanza críticas a sus vecinos por salir con los niños sin mascarilla, o por salir a hacer deporte y tirarse más de una hora…gente que critican a los sanitarios, a los políticos, a los artistas, a los escritores, a los científicos. No sólo sucede aquí, está ocurriendo en la mayor parte del mundo.

Esta cuarentena hay mucho ruido, aunque alrededor haya existido más silencio que nunca. Puede parecer una paradoja porque tanto silencio ha habido, que la gente de ciudad se maravilla con volver a despertarse con el sonido de los pájaros cantarines en primavera; pero a la vez, hay tanto ruido que me da angustia salir de mi refugio, de mi cueva, porque no puedo soportar las peleas e insultos constantes.

No hay que tener la piel demasiado fina en momentos así. Son momentos difíciles en los que jamás nadie va a hacer todo al gusto de todos, o más bien, hacer todo correctamente al criterio de los demás. No digo que haya que coartar la libertad de expresión. Eso no me parece solución. Lo que sí apunto, es a que deberíamos revisar cuidadosamente la forma en la que expresamos nuestro desacuerdo. Creo que nos falta práctica en decir nuestra opinión y hacer que se escuche, pero de manera constructiva. Opinar en base a cosas reales y no opiniones ajenas o verdades incompletas, relativas o basadas en mentiras, simple y llanamente. Hablar críticamente con respeto, sabiendo cuál es nuestra parcela de conocimiento o experiencia, respetando y validando a la gente que tiene más que decir que nosotros. O a la que tiene mucho que aprender.

Porque si no revisamos nuestra forma de expresar desacuerdo o incluso enfado, sólo estaremos equivocándonos de nuevo sin encontrar la solución, ladrando como perros furiosos, mientras todo se destruye.

Es una oportunidad de oro. Don´t keep barking up the wrong tree!

 

Emotions

Las emociones en esta pandemia vienen como las náuseas, en oleadas. Tan pronto me llena el miedo, como la paz, la incertidumbre como la rabia. Difícil de controlar porque viene la emoción y me arrasa.

Y tengo que concentrarme en detalles pequeños, para no dejar que me arrastren. Igual que cuando no quiero vomitar. Fijándome en pequeños detalles que me ayudan a focalizar y controlar la ola de angustia. Te enfocas en observar los azulejos del baño, en sus patrones, en sus colores o formas geométricas, respiras despacio, te refrescas, piensas en bajar el malestar, te centras en tu cuerpo, en sus reacciones…

Poco a poco se pasa la angustia; despacio, el cuerpo deja de tener síntomas bruscos. Hasta la próxima ola.

Knackered…not.

Cada uno en su cueva…y yo, alrededor de la fogata, esperando cantar canciones, compartir historias y reír con los chistes de los demás.

Cada uno en su pompa, en su burbuja, flotando en su propio universo. Mientras tanto sigo clavada a la tierra, esperando, con los pies mojados, la compañía que no llega.

¿Sentirse sola es egocéntrico? ¿Escuchar canciones tristes para camuflar la decepción es victimismo?

Llega la noche, sale la luna… me entran unas ganas locas de bailar. Lo hago, no paro hasta que me duelen los pies. Me siento, miro hacia vuestras cuevas, os llamo…no hay respuesta y me quedo dormida al calor del fuego. Despierto; no estáis. Las cuevas están vacías, del fuego sólo quedan cenizas y de mi alegría, migajas.

Hoy duermo en mi cueva, pero mañana vuelvo a bailar hasta que todos rodeemos la fogata. Prometo no parar.

 

Hectic years

Hace tiempo que dejamos atrás las nanas en nuestro hogar. Ahora todo es rock´n´roll, ritmos rápidos y menos infantiles. Hace tiempo que tengo en casa a pequeñas personitas cada vez más autónomas y mayores.

Siguen siendo niños, pero dejaron atrás la etapa de la ternura a secas. Ahora tenemos ternura, hartura, caradura, travesuras, risas, frustraciones, malos humos, cabezonerías variadas y ganas de abrazarles hasta que el mundo se acabe.

Crecen, crecen y no paran de crecer.
Pero crecer duele aunque crecer también da fruto.
Crecer no es opcional. Es algo a lo que te enfrentas así, de repente. Todos los días sucede, aunque sólo seamos conscientes de vez en cuando.
Crecer duele…y hablo como adulta. Dejar la rigidez en la que te sentías seguro y abrirte a ser flexible y renovarte, da miedo. Perder a personas importantes para ti y tener que seguir adelante, es un desafío enorme.

Por eso, de camino a la estación donde la vida resurge, me pido a mí misma valentía para asumir los cambios con alegría y tranquilidad, amor para perdonar lo que no entiendo y flexibilidad para seguir creciendo.

En eso de crecer, mis hijos son unos expertos.

Bienvenidos otra vez a esta, mi casa en las redes para seguir compartiendo mucha vida, música, luchas y alguna que otra nana, por los viejos tiempos.