Enredos

Hay heridas de las que nunca hablo. Tal vez con la esperanza de que si no las digo en alto, no son tan reales; son producto de mi exageración. No es que no hayan pasado…es que no han pasado con tanta crudeza si las guardo en mi cabeza, si no las pongo en palabras, si no las doy hueco físico en este mundo.

Es una forma de apagarlas, de transitar lo que siento sin darle poder sobre mí. Aunque supuestamente, debería dejarlas salir y moverlas para disiparlas. No sé por qué, siento que eso sólo pasa con las emociones, no con las experiencias. Si las expreso, incluso por escrito, empiezan a ser realidad: HISTORIA, no anécdota o recuerdo borroso del dolor.

Siento que si las hago tan reales, dejaré de poder controlarlas. Podrán observarlas otros, juzgar mi experiencia o cómo me siento, juzgarán mis decisiones torpes de esos momentos. Siento que seré víctima cuando sólo quiero que el personaje de esa vida anterior, quede atrás. Jamás volveré a ser “ella”.

Quiero no recordarlas, pero a la vez me pesan. El no poder compartir la carga es difícil. Pero tampoco querría poner este peso sobre nadie. Cuando una de esas heridas se abre y sangra, sí que trato con la emoción que genera. Si es rabia, salgo a correr. Si es tristeza, canto o bailo. Si es ansiedad, observo la naturaleza mientras doy un paseo y respiro. Si es soledad, leo o hablo con alguna amiga. Si es autocrítica, intento cocinar algo rico o crear. Intento mover las emociones para que no se cronifiquen, pero las experiencias son mías. Las heridas son algo personal, íntimo, que no me apetece mostrar a nadie.

La vergüenza es una emoción que me produce mucho miedo y mucha angustia. Me hace sentir chiquitita, sin voz, invisible. No es la clase de vergüenza que te da si vas haciendo el tonto por la calle, eso no me importa. Hablo de la vergüenza de no ser suficiente, de fallar a alguien que te importa, de dejar al descubierto tu parte mezquina. Hablo de esa bola de fuego que surge en el estómago y va hasta tu cabeza después de incendiar tu pecho. Hablo de la sensación de derretirte, de estar paralizado, de sentirte desnudo frente a alguien…

Aquí surgen las expectativas ajenas, las mías propias, mi código de comportamiento y mis listones morales de vida. Siempre han sido demasiado altos, demasiado alejados de mi realidad. Soy una persona. Una que falla constantemente. Y no en cosas pequeñas, no. Soy indulgente cuando no debo serlo, exigente cuando debería ser flexible e impulsiva cuando necesito reflexión. Soy pronta a hablar, como si encargarme de las necesidades ajenas fuera una especie de evasión de las mías propias. Soy perezosa cuando lo veo demasiado difícil pero no sé trabajar bajo presión, porque me bloqueo.

Tengo heridas feas, pero siempre pienso que las de los demás son más importantes. Tengo experiencias feas, pero ¿tengo derecho a quejarme? ¿Acaso no fui yo la que me metí en un berenjenal con mis decisiones? Tenía 17 años. Ahora veo a mis hijos y pienso que son pequeños. Yo era pequeña entonces, ¿no debería perdonarme por haberla fastidiado?

Pero todo lo que pasó entre 1999 y 2005 fue demasiado doloroso. Me hizo pedazos que no he sido capaz de pegar juntos otra vez. Me hizo echar las tripas, llorar, rabiar, gritar, humillarme, traicionarme a mí misma. Todo lo que podía salir mal, salió.

Y me aferro a lo que salió bien. Fue mi tabla de salvación. Pero a las experiencias que dejé en el océano en tormenta… no las quiero sacar del armario. Terapia silenciosa, lo llamo. No funciona demasiado bien, pero tampoco sé cómo funcionaría lo contrario.

De lo femenino

Tienes que ser una diosa: fuerte, valiente y poderosa.

Debes ser dulce y sensible pero también rebelde y libre.

Ten hijos y sé la madre perfecta, consciente, sana…

¡entra en la madre-secta!

O mejor, no los tengas. Piensa en ti misma.

Quiérete mucho… pero ¡así no! Que te despistas.

Demasiado mayor para esto, demasiado joven para lo otro,

¿acaso no tienes estilo propio?

“Será mejor que hagas yoga, las carnes te cuelgan”,

el pantalón me aprieta y la exigencia me ahoga.

Tíñete esas raíces; no mujer, peina tus canas libres.

Ten personalidad pero, mejor oculta tu edad.

Sal a bailar como si no hubiera un mañana,

y al día siguiente, sigue como si nada.

No hables de sentimientos, no des tanto repelús

¿o se dice cringe?

(El que me das tú.)

Sé esto y sé lo otro, sé así y sé asá.

Haz esto y lo contrario.

Lo femenino y la realidad.

expectations

Me miro en esta foto y reconozco todos mis sueños.

Esa soy yo, con la sonrisa puesta y los ojos mirando al futuro; siempre lejos, siempre alto. Esa soy yo cuando todavía veía todo como una posibilidad, cuando quería ser inventora para crear un coche plegable que nos ahorrase dar doscientas vueltas para aparcar en el barrio. Esa era yo cuando soñaba con dar conciertos, vivir entre pianos y gatos… Esa era yo cuando quería escribir libros que pudieran disfrutar los demás, tanto como yo disfrutaba de cada página que leía. Esa era yo, testaruda aunque los demás se rieran de mis planes. Esa era yo, sin entender que el único obstáculo de verdad eran mis decisiones.

Esa soy yo. Aunque ahora mi mirada no vuele tan alto, aunque mis pies hayan enraizado en tierra hostil, aunque los planes hayan cambiado. Esa soy yo,

A dreamer.

Ruperta Calabaza

Rodeada de jaras pringosas y su olor de siempre, aunque aquí se mezcla con el olor a sal del océano. Pienso en nuestras caminatas por Gredos, nuestras aventuras con serpientes y ratones en caminos perdidos, nuestros enfados con los chicos porque pensaban que éramos débiles y que las chicas no éramos capaces de hacer lo mismo que ellos…

Dos pececitos que pasan junto a mí en la playa me recuerdan nuestras protestas cuando los mayores pescaron peces a golpes para luego no comerlos en las gargantas de Candeleda. Ahora lo pienso y me asombra nuestra vehemencia defendiendo causas perdidas. Algo que hacía gracia a todos menos a nosotras, que nos lo tomábamos super en serio,

Estos días me acuerdo de ti y recuerdo como hacíamos planes, para cuando fuéramos mayores. Tú serías una famosa artista y yo, tocaría el piano en nuestro ático de París, lleno de gatos. Al principio pasaríamos hambre, como todos los artistas; pero sobreviviríamos a base de croissants y colacaos.

A veces pienso que ya no puedo tocar el piano porque todo lo que me recuerda son cosas que he perdido. Como a ti, amiga.

Te echo de menos cada vez que te pienso.

WAVES

It´s coming in waves.

Salty, fresh, cold, fear, tempest and calm.

It comes in waves.

Sadness, happiness and rage.

Waves swallow me up, the ocean is pounding me.

My hands are shaky, my heart is cold.

Another wave comes, and I smile

because I know, this time I will survive.

Insomnio en tres actos

PRIMER ACTO

Me he quedado dormida en el sillón, tratando de leer información que mi cerebro no asimila a estas horas. Se ha hecho tarde, los niños ya están dormidos. Bajo las persianas del ventanal del salón, como si echase el telón al final del teatro y me aseguro de que los interruptores estén alineados. Tics. Y los segundos pasan.

La lluvia golpea rítmicamente el tejadillo metálico de la entrada y yo no puedo concentrarme en otra cosa que en la regularidad del sonido. Apago las luces que aún estaban encendidas, bebo un trago de agua. No bebas mucho, pienso, que luego te despiertas por la noche. Giro la llave, cierro por dentro para conseguir una falsa sensación de seguridad, supongo. ¿Quién vendría hasta aquí, en medio de ninguna parte, con toda esta lluvia? Es tonto, pero no puedo dormir a no ser que cierre por dentro. Eso si tú no estás. Aún no has llegado. Es tarde pero todavía no estás aquí. Lo normal del viernes. A estas horas estaréis escuchando lo que habéis grabado, tomando unas cervezas y pasando un buen rato. Ya llegarás. Yo quiero aprovechar que aún sigo un poco dormida. A ver si hoy consigo conciliar el sueño. Pero no, es automático: me meto en la cama y los ojos se me abren como platos. El cerebro rebusca cualquier detalle inquietante, cualquier resquicio de preocupación, para ocuparse de eso y darle vueltas.

Tic toc tic toc

SEGUNDO ACTO

Ha pasado una hora y no soy capaz de dormir. He dado doscientas vueltas, probado todas las posiciones recomendadas, he respirado, he visualizado bosques en calma, me he puesto muy bajito música relajante de fondo, también ruido blanco, he hecho dos meditaciones…y nada. Ninguna de estas técnicas me ayudan. Miro por la ventana. Ni una luz. Todavía no has llegado. Te he empezado a escribir un mensaje al móvil y lo he borrado cuatro veces antes de terminar. No quiero molestarte en tu tiempo sagrado. Los viernes son para ti, para tu arte, para tu paz.

¿Qué es ese ruido? No suena a lluvia, ¿qué es? ¿Ha sonado en la habitación de los niños? Me acerco despacio, casi de puntillas y me asomo a la puerta. La he dejado abierta porque cada vez que la abro o la cierro, cruje y se despiertan. Tengo que acordarme de comprar aceite para las bisagras. Mierda, otra cosa más en la que pensar.

¡Ha vuelto a sonar! No, no es en la habitación de los niños. Suena en la azotea. Quiero saber qué es, pero no me apetece subir ahí arriba sola, con este viento y la lluvia. ¿Qué hago? Mejor me voy a la cama; ya es tarde, seguro que estás a punto de llegar. Aguanto la respiración hasta que dejo de escuchar el ruido y entonces me doy cuenta de que era la rama de un árbol moviéndose con el viento.

TERCER ACTO

Te escucho aparcar el coche y apagar la música de la radio, tus pasos en los peldaños de las escaleras, cómo giras la llave despacio para no despertarme. Abro sólo un ojo para saludarte: “Buenas noches”, susurro.

“Lo siento, ¿te he despertado?”- me preguntas mientras te quitas los zapatos.

“No, tranquilo. Llevo horas dando vueltas. Otra noche sin poder dormir.”

“Pues ahora dejo de hacer ruido, me meto en la cama y me cuentas cómo te ha ido el día.”

Pero a los cinco segundos, ya estás respirando fuerte, con los ojos cerrados. Te miro. Te envidio. Es ponerte en posición horizontal y tu cerebro registra la orden, clara y precisa: DUERME.

Ojalá mi cerebro fuera así. Al mío parece que le fastidia que intente descansar. Me lo imagino como un centro de emergencias: ¡Alarma! ¡Se está durmiendo, se nos duerme! ¡Activad todos los miedos, haced que piense en lo que dijo hace veinte años y su repercusión en la vida adulta! ¡No dejéis que esté segura de si cerró el coche con llave o no! ¡Hay que despertarla, joder! ¿Por qué se llaman así las flores? FL, quién se inventó ese fonema tan complicadito….

Le contemplo mientras duerme. Me aprendo su cara de memoria, por si algún día me hace falta. Me acurruco en su costado, le mordisqueo la oreja, le doy besos con las pestañas… está dormido profundamente.

Miro el reloj, son casi las cinco. Me hago un té calentito, me subo a la azotea y me siento a ver el amanecer. Sale el sol, que ilumina mis ojeras. Parezco un mapache con estas ojeras, pero me encanta la vida. Me gustaría dormir más, pero ¿acaso hay algo perfecto?

Rain

Que siempre vea la nube gris, no significa que no aprecie los rayos de sol capaces de traspasarla. Simplemente llevo mi paraguas encima, por si acaso hace falta y guardo mis botas de goma cerca, para poder saltar en los charcos.

Cuaresma

Miércoles de Ceniza y el mundo se quema…

Al calor de las llamas, las personas se enfrentan.

Mensajes en redes sociales, bares repletos de expertos

sobre quién empezó o a quién culpar

mientras otras bombas caen.

Personas sufriendo, personas llorando,

Gente discutiendo, gente graznando.