Fuego

Que lo malo arda, se reduzca a cenizas, se convierta en humo, se disipe en el aire…

Que arranquemos del corazón y la mente lo que nos ancla al miedo y nos paraliza, lo que no nos deja avanzar.

A la hoguera lo que necesita salir de nuestra vida, ya sea que venga de otros o de nosotros mismos.

Fuego que destruye para poder construir.

Por última vez

Hace bastantes años, en lo que hoy me parece otra vida, una persona me rompió el corazón diciendo que no estaba preparado para no volver a sentir “por primera vez” un beso, los nervios de decir “te quiero”, enamorarse, hacer el amor, pelearse con su pareja, reconciliarse después…

Por eso, buscaba en otra gente lo que jamás podría hacer conmigo. Empezar todo de nuevo. Experimentar la emoción del misterio, del no saber qué te espera.

Me hizo reflexionar mucho. Estuve meses dando vueltas a la misma idea. ¿Y si una vez que lo vives, se acaba para siempre? ¿Será posible que tenga que conformarme con la idea de vivir la emoción una vez en la vida o empezar de nuevo con gente diferente todo el tiempo? ¿Y si después de tener a mi primer hijo, la emoción por el segundo jamás iguala ese momento?

Pues yo sigo pensando que la vida está llena de primeros momentos, que puedes compartir con gente diferente o con las mismas personas. Porque la vida empieza con cada latido, después de cada herida o tras ver cómo rompen tu corazón en mil pedazos. Un abrazo vuelve a ser el primero cuando surge espontáneo, por el cariño que ya te tienen y te han mostrado. Un café con las amigas puede ser el inicio de una vida nueva después de la etapa más oscura. Después de cientos de cafés en el mismo bar.

La vida comienza muchas veces y tiene muchos “por primera vez”. No hace falta buscar nada. La vida viene. La vida va. La vida empieza cuando menos te lo esperas y te encuentra en el momento adecuado, te lo aseguro.

Sé que nos quedan millones de primeras veces. Y yo, no pienso perdérmelas.

nonsense

Las aceitunas ya no sirven de piruleta, los coches imaginarios no ruedan…

Las canciones que te calmaban han perdido su fuerza.

El presente aprieta…

El presente aprieta…

Se acabó el leer esperando que te despiertes o hacer el desayuno mientras tú duermes.

Reírme bajito recordando la noche anterior de besos y cosquillas, de música y color.

Las palabras pesan…

Las palabras pesan…

Las inseguridades retumban, vuelven las grietas y todo cambia mientras sigue igual.

Todo fluye y tú eres roca. Todo vuela y tú te arrastras. Obsoletas lealtades, gastadas resistencias.

Rompen las olas…

Cruje la espuma…

En el futuro que quiero, existo de otra forma.

En el pasado buceo por las zonas oscuras que enterré en el océano.

En el presente me pierdo…

en el presente me pierdo…

 

Educación

Aunque el trabajo no define quiénes somos, algunas personas hemos podido trabajar en campos a los que nos sentimos conectados en un plano un poco más íntimo. Son los llamados “trabajos vocacionales”, en los que nada es un paseo entre flores, pero en los que se suele invertir mucho personal aparte de la profesionalidad que exija.

Vocation is not vacation.

Es algo que aprendí hace mucho tiempo. Elegí Educación, aunque siempre he sentido curiosidad por muchas otras cosas y, creo que me habría encantado profundizar en diferentes campos y habría sido igualmente feliz. Pero elegí ser maestra. Y decidí serlo porque me parecía importante implicarme en la construcción de un futuro mejor, ser parte activa de los cambios que me gustarían ver en el mundo que vivo.

La Educación tiene que cambiar en este país, en este mundo. No podemos pretender enseñar asépticamente nuestros contenidos. No podemos enseñar NADA sobre Biología o fechas de Historia si no somos honestos y planteamos los temas realmente complicados.

En un mundo polarizado, en la que se sigue oprimiendo a los de siempre mediante técnicas más sutiles que cada vez más se vuelven a la agresividad frontal, no podemos pretender ignorar nuestra responsabilidad una vez más.

Familias, hablad con vuestros hijos. Tened conversaciones sobre temas que importan. Quizás pensamos que el problema del racismo en la sociedad sólo está en los Estados Unidos, pero… ¿habláis con vuestros hijos de los gitanos?, ¿corregís a las personas que os rodean (amigos, familiares, vecinos, compañeros de trabajo) cuando hacen comentarios racistas o chistes?, ¿o simplemente te callas?

No es momento de silencio. Es momento de salir de nuestro caparazón seguro y hablar. Pronunciarnos por la justicia social. No va a venir porque sí. Es algo por lo que vale la pena luchar. La lucha está en nuestros actos, en nuestras palabras, en nuestras intenciones y en nuestra educación. Edúcate a ti mismo, deconstruye tu racismo, construye y sé constructivo en tu familia, grupo de amigos o en clase con tus alumnos. Saca temas difíciles. Busca conversaciones incómodas.

Ya no vale el silencio. ¿Qué tienes que aportar tú? Empieza tu proceso y construye en el de otros. Es TU responsabilidad si quieres un mundo realmente justo y verdaderamente mejor.

Not lazy…overwhelmed

La gente ha pasado este confinamiento de maneras distintas. Algunos han aprovechado para hacer limpieza, leer libros, cocinar, hornear pan, hacer deporte, el cambio de armarios, jugar en familia a juegos de mesa, jardinería, proyectos, estudios, videovermús… Otros han sobrevivido a pesar de doblar turnos, tener que lidiar con la educación a distancia de los niños y la cantidad desmesurada de correos entre profesores y familias, tener a familiares enfermos en hospitales o aislados en casa, la tensión de no saber, salir a trabajar con el camión, ver que enferma algún compañero…

Yo estoy en un punto medio. No es que no haya hecho nada. Pero he estado a ratos bien, tranquila, instalando rutinas que nos ayudasen a sobrellevar esto con cordura y suavemente. Otros ratos he estado desbordada, dando apoyo a hijas que lloran desconsoladas porque no aguantan más esta situación, acompañando enfados de hijos que se plantean cosas demasiado existenciales para su edad y viendo como un compañero de vida se mata a trabajar para sacar a esta familia adelante.

Y aquí estoy yo. Entre lloros, paseos, respiraciones… sin mi piano para desahogarme, sin poder concentrarme en leer o estudiar. Sin querer hornear panes, sin ganas de seguir con mi rutina deportiva, con tranquilidad general y pánico momentáneo, con rabia cuando veo las noticias que me confirman que somos un país al que unos cuantos se empeñan en dividir, con alegría cuando veo tanta gente buena haciendo lo que puede por los demás.

No puedo decir que he hecho mucho este confinamiento. He cuidado de los míos, he respirado hondo. Hemos sobrevivido mentalmente. O en ello estamos.

 

Días de confinamiento, días de lluvia, días de verde y amarillo desde la ventana, de amapolas que salpican de rojo el campo de margaritas que se extiende ante mí.

Semanas de mirar por el ventanal pero no ver lo que hay delante. Semanas de ver los campos de trigo moverse con el viento y pensar en el océano.

Meses de echar de menos, imaginar que estoy en otro lugar escuchando las olas y las risas de los míos.

Si me concentro mucho, siento la brisa salada en la cara y cómo mi pelo se vuelve loco con la humedad. Si cierro los ojos, escucho el rumor de las olas y siento la arena calentita en mis manos.

Esto también va a pasar. Pronto. Espero. Deseo.

Reactivar un blog no es fácil. Es como dejar en pausa la vida y luego seguir, como si nada hubiera pasado.

Este año está siendo una pausa obligada en muchas áreas. Se han acabado las risas con los amigos en directo, los abrazos al verse, el jaleo en las calles que siempre asoma en primavera, el poder dar vueltas por ahí sin justificación alguna, los trabajos, los estudios, algunos proyectos, las salidas, los conciertos, los negocios, la intimidad, el silencio… Ahora nunca estoy sola y al mismo tiempo, el sentimiento de soledad es fuerte.

Reactivar una vida no es fácil. Es como dejar un blog en blanco mucho tiempo y luego seguir escribiendo, como si nada.

Escribir estos años ha sido imposible. No sólo por falta de tiempo, sino por falta de ganas, de motivación y enfoque. ¿Qué puedo compartir que sea valioso? ¿Escribo para compartir o escribo porque quiero? Escribir es imposible cuando no te da tiempo a digerir y poner orden. Y no hace falta caos para que te falte el tiempo.

Reactivar la creatividad no es fácil. Es como dejar un cuadro en boceto durante años y luego seguir pintando, como si la pintura siguiera fresca.

Pero a veces las pinturas se secan y se quedan viejas. Ya no sirven. Y te toca reponer todo lo que se ha desperdiciado. Cuesta un poco, pero vale la pena.

Volver a tocar música no es fácil. Es como parar de tocar tu instrumento favorito un día y no volver a sentarte frente a él durante años; y cuando vuelves a mirarte en su reflejo, sonríes pero miras con miedo. ¿Serás capaz de hacer que suene algo bonito otra vez?

¿Seré capaz?

Barking up the wrong tree

Todos los días veo noticias, leo comentarios y estados en redes sociales de gente enfadada. Gente que se enfada y lanza críticas a sus vecinos por salir con los niños sin mascarilla, o por salir a hacer deporte y tirarse más de una hora…gente que critican a los sanitarios, a los políticos, a los artistas, a los escritores, a los científicos. No sólo sucede aquí, está ocurriendo en la mayor parte del mundo.

Esta cuarentena hay mucho ruido, aunque alrededor haya existido más silencio que nunca. Puede parecer una paradoja porque tanto silencio ha habido, que la gente de ciudad se maravilla con volver a despertarse con el sonido de los pájaros cantarines en primavera; pero a la vez, hay tanto ruido que me da angustia salir de mi refugio, de mi cueva, porque no puedo soportar las peleas e insultos constantes.

No hay que tener la piel demasiado fina en momentos así. Son momentos difíciles en los que jamás nadie va a hacer todo al gusto de todos, o más bien, hacer todo correctamente al criterio de los demás. No digo que haya que coartar la libertad de expresión. Eso no me parece solución. Lo que sí apunto, es a que deberíamos revisar cuidadosamente la forma en la que expresamos nuestro desacuerdo. Creo que nos falta práctica en decir nuestra opinión y hacer que se escuche, pero de manera constructiva. Opinar en base a cosas reales y no opiniones ajenas o verdades incompletas, relativas o basadas en mentiras, simple y llanamente. Hablar críticamente con respeto, sabiendo cuál es nuestra parcela de conocimiento o experiencia, respetando y validando a la gente que tiene más que decir que nosotros. O a la que tiene mucho que aprender.

Porque si no revisamos nuestra forma de expresar desacuerdo o incluso enfado, sólo estaremos equivocándonos de nuevo sin encontrar la solución, ladrando como perros furiosos, mientras todo se destruye.

Es una oportunidad de oro. Don´t keep barking up the wrong tree!

 

Emotions

Las emociones en esta pandemia vienen como las náuseas, en oleadas. Tan pronto me llena el miedo, como la paz, la incertidumbre como la rabia. Difícil de controlar porque viene la emoción y me arrasa.

Y tengo que concentrarme en detalles pequeños, para no dejar que me arrastren. Igual que cuando no quiero vomitar. Fijándome en pequeños detalles que me ayudan a focalizar y controlar la ola de angustia. Te enfocas en observar los azulejos del baño, en sus patrones, en sus colores o formas geométricas, respiras despacio, te refrescas, piensas en bajar el malestar, te centras en tu cuerpo, en sus reacciones…

Poco a poco se pasa la angustia; despacio, el cuerpo deja de tener síntomas bruscos. Hasta la próxima ola.

Knackered…not.

Cada uno en su cueva…y yo, alrededor de la fogata, esperando cantar canciones, compartir historias y reír con los chistes de los demás.

Cada uno en su pompa, en su burbuja, flotando en su propio universo. Mientras tanto sigo clavada a la tierra, esperando, con los pies mojados, la compañía que no llega.

¿Sentirse sola es egocéntrico? ¿Escuchar canciones tristes para camuflar la decepción es victimismo?

Llega la noche, sale la luna… me entran unas ganas locas de bailar. Lo hago, no paro hasta que me duelen los pies. Me siento, miro hacia vuestras cuevas, os llamo…no hay respuesta y me quedo dormida al calor del fuego. Despierto; no estáis. Las cuevas están vacías, del fuego sólo quedan cenizas y de mi alegría, migajas.

Hoy duermo en mi cueva, pero mañana vuelvo a bailar hasta que todos rodeemos la fogata. Prometo no parar.