The show must go on…

Hace diez años, celebré mi cumpleaños aunque no tenía ni pizca de ganas. Estaba triste. Bueno no, triste no. Estaba totalmente hundida, me parecía que daba vueltas en círculo y que mi vida no tenía ningún tipo de dirección.

Ese día, hice de tripas corazón y llamé a todos los amigos que pude: los de toda la vida, los del cole, los vecinos, los recién llegados a mi vida, amigos de amigos, adultos, jóvenes, primas, primos… Hice un cumpleaños que duró todo el día. No dejaba de pasar gente por mi casa y fue el principio del fin de mi tristeza. Ese día, me acompañaron, me animaron y dieron alas a mi tristeza para que volase lejos. Hasta que desapareció.

Ese día fue un comienzo. Hoy echo la vista atrás y agradezco en el alma a cada persona que se tomó un tiempo para pasarlo conmigo ese día. No sé si fuisteis conscientes de lo importante que fue para mí. Fue mi punto y final, fue el impulso para cerrar y abrir los ojos a algo nuevo. Tomé las riendas. Empecé a disfrutar del camino.

Y ayer, fue mi cumpleaños. Una década después… No puedo expresar con palabras la emoción de cada momento. Cada expresión de cariño, cada palabra, cada regalo, cada llamada… You made my day.

Estoy feliz de haber llegado hasta aquí. Agradecida por todo lo que tengo en mi vida. Bendecida con tanto amor. Gracias.

PD: He incluido en el enlace de “cumpleaños” el happy birthday que mi amigo Daniel Reus, que es un crack me dedicó con su coro: Gospel Factory. Me emocionastéis hasta las lágrimas, chicos. Gracias.

 

She.

Tenía nombre de ciudad.  Es lo primero que recuerdo de ella, el primer dato objetivo. Escuché su nombre antes de verla físicamente…

Su pelo era rubio, color miel como la que me daba mi madre por las mañanas durante el invierno. “Para proteger la garganta”, decía. Al principio me daba repelús, pero acabé acostumbrándome al dulzor mañanero y al vaso de agua posterior, para contrarrestar. Siempre pensé que era la venganza materna subconsciente por las cucharadas de aceite de hígado de bacalao que había tomado en su niñez y de las que siempre nos hablaba. Perpetuando tradiciones masocas.

Sus ojos eran verdes…  y tristes. Parecía aburrida. Yo pensaba que con esos ojos tan bonitos, era una pena que no sonriera con la mirada. La nariz respingona estaba salpicada por unas graciosas pequitas que denotaban su origen extranjero.

Su voz era dulce; yo tenía su edad… pero mis palabras sonaban graves y secas en comparación. ¿Por qué no cantaría en el coro con nosotros? Seguro que cantaba como los ángeles.

Pero no, sólo la escuchábamos hablar con su madre, nuestra pianista acompañante… palabras extrañas con acento marcadamente alemán. Pero ni una nota. Parecía que las notas musicales llegasen hasta ella y la resbalasen. La música no podía emocionarla. Y yo no lo entendía.

Me quedaba mirándola, fascinada y extrañada al mismo tiempo. Curiosa, con ganas de plantarme delante y preguntarle todas esas absurdeces que se me ocurrían.

Su madre era una pianista excelente y nos sonreía mucho. Jamás nos reñía… Pero a ella sí. Cuando tardaba mucho en sacar los cuadernos y ponerse con los deberes, la miraba de reojo y cuando el director hacía un descanso, la regañaba. O eso creíamos adivinar en sus expresiones porque no entendíamos absolutamente nada. Sus deberes eran infinitos. No terminaban jamás.

Y entonces yo entendía un poco de su tristeza, o de su aburrimiento o de su apatía… Tenía nombre de ciudad y después de ese año, la olvidé completamente.

Hasta la semana pasada. Echando un vistazo a la programación musical del mes que entraba, su nombre se hizo grande ante mis ojos. Reconocí su nombre de ciudad. Vi sus ojos brillar por fin. Y me vino a la mente esa niña pequeña con la que nunca hablé, pero que nos acompañó silenciosamente durante cada uno de nuestros ensayos. Y respiré aliviada pensando que al fin, la música también la había cautivado a ella.

Tecnología sonora.

Últimamente me encuentro con noticias sorprendentes, con aparatos sonoros que me dejan asombrada.

En clase, hemos introducido la famosa pizarra digital (he de reconocer que era un poco reticente) que ha resultado ser mucho más práctica de lo que pensaba y un complemento ideal para estos niños de la nueva era tecnológica. Lo disfrutan, facilitan nuestros bancos de recursos y dinamizan muchísimo los ejercicios de gramática, siempre un poco cansinos. Poner canciones en las que tienen que interactuar es una de las cosas que más me ha cautivado (por gustos personales, claro).. pero hay todo tipo de ventajas, en las que incluyo también el poder de las videoconferencias- hacemos charlas de intercambio con institutos de secundaria en los Estados Unidos- en pantalla grande.

Dejando el campo de la Educación aparte, un gran amigo está involucrado en dos proyectos muy interesantes. Os dejo enlaces a sus dos respectivos “productos”. Uno de ellos, Patchblocks, consiste en unos módulos programables de sintetizador. Una pasada para los músicos que puedan leerme. Lo presentarán próximamente en el Sonar de Barcelona y ya está teniendo una acogida importante en el mundo de la música electrónica y experimental.

Otro de sus experimentos… es más difícil de explicar. Se trata de intentar explorar los conceptos de empatía a través de la tecnología, la ciencia y el arte. Han creado una especie de máquina de realidad virtual en la que intercambias las sensaciones, sonidos y respuestas que tiene tu cuerpo con el de otro. Es como escuchar tu propia voz, pero desde fuera… por ejemplo. En este artículo, lo explican mucho mejor que yo. (En inglés, eso sí. No he encontrado nada en español). Y aquí podéis encontrar más información del colectivo que está tras el proyecto.

Y lo último, llega en forma de noticia. Con esta, señores, he alucinado en colores. Lo último que esperaba encontrar: un tatuaje sonoro. Sí, sí, lo que oyes… aquí os dejo el enlace para que lo escuchéis y veáis vosotros mismos.

Lo dicho, música y tecnología.. combinación cada día más fructífera y en la que tengo años de retraso. ¿Algún nuevo invento que os haya impresionado?

 

Mezclas.

Me pregunto si desentono mucho… con mi entorno quiero decir, no cuando canto en el coche (cantaba, que desde el accidente voy en autobús) o en la ducha (sí, tranquilos, me sigo duchando… eso sí).

A veces, nuestro exterior no se corresponde con nuestro interior; o nuestro grupo de amigos del alma no se parecen en absolutamente nada a lo que la gente esperaría; nuestro playlist es un poco marciano a juzgar por nuestras pintas;  a veces nuestra profesión es inimaginable a primera vista o primera charla; en muchas ocasiones nos dejan boquiabiertas parejas que “no pegan ni con cola” pero que funcionan a las mil maravillas y se quieren… ¿no os habéis sorprendido millones de veces con este tipo de cosas?

Pues cara de pasmada se me debió quedar a mí cuando escuché esta canción que me pasó una buena amiga que ahora vive en Egipto. Ella sabe que mi gran vacío musical es en el terreno fusion. Para ser justa y honesta, he de decir que es en el que menos me he adentrado… tal vez por prejuicios o por falta de guía. Hay tanto y tan variado,  que generalizar es una locura. Como en casi todas las áreas de la música y la vida, generalizar es un error. Hay canciones que me han entusiasmado y otras que me me han hecho llorar…de pena.

Puedes encontrar desde música jazz fusionada con otras tantas, hasta heavy, rap, músicas latinas, pop, electrónica, flamenco, música étnica. Es de una variedad casi inabarcable.

Un festival recomendable para ponerse en contacto con cierto tipo de música fusion es el WOMAD, que se celebra en Cáceres también este año. Además, en esta edición destaca especialmente la música de Mali. Interesante, cuanto menos.

El festival de Glastonbury pilla un poco más lejos, pero he de ir al menos una vez en la vida. Este tiene de todo un poco. Mucho mainstream, pero también joyitas (nótese la presencia de The Sun Ra Arkestra, por ejemplo).

¿Se nota que estamos en primavera y tengo morriña de festivales?

Yo estoy a favor de las mezclas; siempre y cuando la materia prima sea de buena calidad desde el principio. ¿Habéis escuchado una mezcla musical sorprendente que os haya gustado? ¿O alguna con la que os hayan entrado ganas de huir del planeta Tierra?

It´s been a hard day´s night….

Tomando prestado el título a mis queridos The Beatles, paso a describir mis últimas semanas. Con canciones, para no hacerlo tan aburrido y quejicoso.

Si el título de esta entrada, describe mi “fantástica” noche de ayer; esta otra canción viene al pelo para mi día a día. “Je ne veux pas travailler…”, versión de los Pink Martini.

Llegar al trabajo ha sido tan penoso y difícil sin coche, que con todas mis fuerzas he deseado que alguien me cantase eso de: Baby you can drive my caaaaar….

Pero no, eso no ha sucedido. Y he ido dando tumbos de autobús en autobús, Con los dos niños, Lucas enfermo y con fiebre, con la huelga de Alsa haciendo nuestra vida un poco más complicada. Incluso hemos tenido que coger un taxi. He agotado mi cupo del año.

Eso sí, vuelvo a estar en forma. Esos kilillos resistentes han desaparecido por completo. No sé si de tanto caminar (media de tres horas al día sin parar) o del estrés.

Estamos rendidos, agotados físicamente y mentalmente. Los madrugones y las noches sin dormir, pasan factura. Pero a un día de las vacaciones (para mí y los nenes) puedo decir que hemos resistido. Porque We will survive.