El curso llega a su fin. Empiezan a subir las temperaturas, aparecen las primeras lágrimas por las malas notas, o las fiestas por las buenas. Alumnos que volveré a ver en septiembre unos cuantos centímetros más altos, el pelo más largo y bronceados… alumnos que ya no veré más.
Junio es tormentoso. Siempre lo ha sido. Tormentas emocionales, tormentas de nervios, tormentas de alegría… junio es final porque los maestros, los estudiantes y los padres, no contamos años naturales, sino cursos, junio es principio de veranos inolvidables o veranos para el olvido.
Y yo, que soy de Meseta y estoy más que acostumbrada, adoro las tormentas. Cada junio espero con impaciencia las gotas de lluvia y los rayos que surcan el cielo por la noche, tras días de bochorno insoportable. Ayer olía a lluvia, así que cuando la tormenta llegó, estaba preparada con una taza de té y el sillón frente al ventanal. La Naturaleza nunca me decepciona; enseguida empezó el espectáculo: luces en el cielo oscuro, relámpagos que se divierten haciendo formas, truenos que asustan a algunos… pero no a mí.
Yo disfruto de la luz y el sonido. Me gustan más los naturales que los fuegos artificiales que vemos todos los fines de semana. Vivir en medio de ninguna parte tiene cosas buenas, pero vemos las fiestas de TODOS los pueblos en varios kilómetros a la redonda.
Junio también es un mes de despedidas. Este año le digo adiós (bueno, no, sólo hasta pronto) a una gran compañera y sobre todo, amiga. Ha sido un soplo de aire fresco en el trabajo y, a nivel personal, sólo ha aportado cosas buenas a mi vida. Espero que tenga mucha suerte en su próximo destino- es un alma nómada. Gracias por habernos regalado tu naturalidad, espontaneidad y salero. We had so much fun… I´m gonna miss you, pequeña inglesa. Pero te iré a visitar para tener nuestro siguiente fin de semana de chicas, no worries.
Buena suerte en tu nueva aventura, my dear Jen. Te despido con nuestra canción de bailoteo favorita del año.




