Tecnología sonora.

Últimamente me encuentro con noticias sorprendentes, con aparatos sonoros que me dejan asombrada.

En clase, hemos introducido la famosa pizarra digital (he de reconocer que era un poco reticente) que ha resultado ser mucho más práctica de lo que pensaba y un complemento ideal para estos niños de la nueva era tecnológica. Lo disfrutan, facilitan nuestros bancos de recursos y dinamizan muchísimo los ejercicios de gramática, siempre un poco cansinos. Poner canciones en las que tienen que interactuar es una de las cosas que más me ha cautivado (por gustos personales, claro).. pero hay todo tipo de ventajas, en las que incluyo también el poder de las videoconferencias- hacemos charlas de intercambio con institutos de secundaria en los Estados Unidos- en pantalla grande.

Dejando el campo de la Educación aparte, un gran amigo está involucrado en dos proyectos muy interesantes. Os dejo enlaces a sus dos respectivos “productos”. Uno de ellos, Patchblocks, consiste en unos módulos programables de sintetizador. Una pasada para los músicos que puedan leerme. Lo presentarán próximamente en el Sonar de Barcelona y ya está teniendo una acogida importante en el mundo de la música electrónica y experimental.

Otro de sus experimentos… es más difícil de explicar. Se trata de intentar explorar los conceptos de empatía a través de la tecnología, la ciencia y el arte. Han creado una especie de máquina de realidad virtual en la que intercambias las sensaciones, sonidos y respuestas que tiene tu cuerpo con el de otro. Es como escuchar tu propia voz, pero desde fuera… por ejemplo. En este artículo, lo explican mucho mejor que yo. (En inglés, eso sí. No he encontrado nada en español). Y aquí podéis encontrar más información del colectivo que está tras el proyecto.

Y lo último, llega en forma de noticia. Con esta, señores, he alucinado en colores. Lo último que esperaba encontrar: un tatuaje sonoro. Sí, sí, lo que oyes… aquí os dejo el enlace para que lo escuchéis y veáis vosotros mismos.

Lo dicho, música y tecnología.. combinación cada día más fructífera y en la que tengo años de retraso. ¿Algún nuevo invento que os haya impresionado?

 

Consistencia

Si algo he practicado en mi vida, es la constancia. El trabajo perseverante, la consistencia. Nunca he sido la más brillante, ni la más mañosa; nunca la mejor pianista, ni la voz solista del coro. Jamás he sido la primera de la clase, aunque siempre tuve muy buenas notas. Nunca he sido la guapa del grupo de amigas, ni la más divertida, ni la más simpática o la más lista.

Aún así, no sé si por mi naturaleza tozuda y cabezota o por la educación que he recibido, he conseguido hacer las cosas. Empezar, terminar y hacerlo de la mejor manera posible. No siempre, claro. Cumplidos mis 18 existe un paréntesis en los que perdí un poco el rumbo. Pero, eh, todos tenemos nuestro momento “barco a la deriva” en la vida, ¿no?

En la educación y crianza de mis hijos, intento seguir este principio. Y cuesta. A veces, cuesta mucho. Cuando eran bebés he tenido que sacrificar minutos de paz por hacer las cosas de la manera que he elegido. Para no crearles cortocircuitos cerebrales y que comprendieran cómo funcionan las cosas, he tenido que ser firme y consistente en mis decisiones. Es el camino difícil… pero ha sido el camino que he elegido como madre. Ahora empiezo a ver resultados… me siento satisfecha.

Lucas entiende que si mamá dice no, es no. Que si mamá le dice no, es por una razón aunque no la entienda en el momento. Sabe que se puede rebelar y yo lo escucharé y lo seguiré queriendo… pero mi no, es no. Mi , es . No soy rígida con ellos, pero soy consistente. Requiere esfuerzo, pero creo que son cimientos sólidos que agradecen.

Siempre llega el punto en el que, agotada, cedo. Y siempre que he cedido he visto las consecuencias de una paz ficticia, que dura hasta el siguiente conflicto de intereses. Lo que me da fuerzas para volver a practicar al sendero de cabras que es ser una madre consciente de la vida que quiere transmitir a sus hijos.

¿Cuál es vuestro valor “estrella” en la crianza?

 

Señal de alarma

Me doy cuenta de cuántos retos tengo en lo profesional… Me queda mucho que aprender y parece, inexplicablemente, que cuanta más experiencia tengo, menos sé manejar ciertos temas.

En concreto, uno de mis grandes problemas es que trabajo con PERSONAS (personitas, la mayoría de las veces) y con familias. Y digo que es un problema porque tiendo a abrir el corazón y tender lazos en lo personal, traspasando el nivel de lo “estrictamente profesional”.  Me explico: no es que no realice mi trabajo con profesionalidad. Creo que cumplo con creces los objetivos y lo que se requiere de mí. Hago bien mi trabajo… aunque siempre se puede mejorar. Mi problema empieza en poner límites a las relaciones personales con las familias de mis alumnos o con ellos mismos. me implico tanto en sus vidas que, en ocasiones, acaba afectando en mi trabajo y sobe todo en mi ánimo.

Ser maestra para mí, es poner toda la carne en el asador… pero debo aprender a poner límites: a mí misma y a los demás. Por mi salud mental y por el mejor funcionamiento de mi trabajo.

Mi reto profesional de este año es aprender a regular mis emociones e impulsos. Necesito dar equilibrio a esta faceta de mi trabajo.

¿Alguien se ha enfrentado a este problema en su trabajo? contadme vuestras estrategias, por favor.

http://www.youtube.com/watch?v=h8oTT9r9978