El escaparate de tu vida

O como de repente todo el mundo tiene derecho a darte su opinión y juzgar lo que haces.

Esa fue mi primera impresión recién salida del hospital con mi primer hijo. Absolutamente todo el mundo sabía lo que YO tenía que hacer. Además, todo lo que hacía, estaba mal. Todo lo que pensaba era ingenuo. “Ya se te pasará, ya…” , “Ay, estas primerizas”, “Como lo sigas cogiendo en brazos cada vez que llora… no te lo despegas ni con aguarrás” y un largo etc.

Sentía como si mi vida de pronto la estuviese viviendo en un enorme escaparate de tienda por el que la gente pasaba, miraba, comentaba y se iba. Sé que la mayoría de las personas  me dieron sus consejos con muy buenas intenciones, pero… Es un momento vulnerable de tu vida y te pueden hacer sentir MUY insegura.

Al final, unas cuantas lloreras y rabietas después, me di cuenta de que nadie conocía mejor que yo a mi bebé, que cada niño es un mundo y que la crianza tal y como me la había planteado con mi marido, era exactamente lo que quería poner en práctica. No sería perfecto, pero era nuestra decisión.

Con mucho amor, cuando me daban sus “opiniones” les daba las gracias y pacientemente les explicaba a abuelas, tíos, primos, amigos, vecinos y demás que la madre era yo y que mi opinión era otra. Aprendí a escuchar, a tomar lo que me servía y a seguir con lo que pensaba, con lo que mi instinto me decía.

Ser flexible y escuchar, pero ser firme y hacer respetar mis formas fue una liberación que me permitió disfrutar muchísimo más de mi primera experiencia como mamá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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