Seis años…

Seis años que han pasado en un abrir y cerrar de ojos. Seis años que me han hecho fuerte, humilde, resistente a casi todo, tierna, empática, realista, soñadora, madura, creativa, juguetona, malhumorada a veces y sobre todo…feliz.

Seis años dan para mucho. Seis años de amor dan para más.

Gracias por traerme tanta luz y tanta alegría Lucas. Te quiero to the infinity and beyond!

El perdón

“Forgiveness is the name of love practiced among people who love poorly. The hard truth is that all of us love poorly. We need to forgive and be forgiven every day, every hour- unceasingly. That is the great work of love among the fellowship of the weak that is the human family.” HENRY NOUWEN

He aprendido mucho sobre el perdón en los últimos años. He descubierto que no soy tan generosa como yo pensaba, que aunque creía lo contrario…quedaba mucho rencor en mi corazón. En general, puedo decir que no contra las personas. Tiendo a olvidar las ofensas de los demás con más facilidad que cuando se trata de mí misma.

Ser madre ha abierto las puertas de mis rencores personales. Me ha confrontado con mis miserias y los errores que cometí. Es un proceso duro el de perdonar. Pero es un proceso más arduo cuando el objeto de tu rencor eres tú mismo.

Una amiga me dijo hace mucho que ser madre te enfrenta a todos tus monstruos, tus miedos irracionales y el pasado que odias. Tres cosas ciertas. Pero se le olvidó decirme que es la reconciliación absoluta con la vida, con la gente que te rodea, en muchas ocasiones es la llave de la relación sana con tus propios padres y sobre todo, es la medicina que escuece pero sana tus heridas emocionales.

Perdonar libera de la carga que supone llevar a las espaldas el recuerdo de las heridas que te hacen. Perdonar y olvidar renueva las oportunidades de vivir en paz y disfrutar la vida.

Perdonar es regalar vida a los demás, es regalarte salud y alegría a ti mismo. Perdonar es regalar amor. El perdón es una carretera muy transitada por padres e hijos. Y no todos somos padres… Pero todos somos humanos.

 

http://www.goear.com/listen/eea89e9/forgive-me-my-little-flower-john-lennon

Consistencia

Si algo he practicado en mi vida, es la constancia. El trabajo perseverante, la consistencia. Nunca he sido la más brillante, ni la más mañosa; nunca la mejor pianista, ni la voz solista del coro. Jamás he sido la primera de la clase, aunque siempre tuve muy buenas notas. Nunca he sido la guapa del grupo de amigas, ni la más divertida, ni la más simpática o la más lista.

Aún así, no sé si por mi naturaleza tozuda y cabezota o por la educación que he recibido, he conseguido hacer las cosas. Empezar, terminar y hacerlo de la mejor manera posible. No siempre, claro. Cumplidos mis 18 existe un paréntesis en los que perdí un poco el rumbo. Pero, eh, todos tenemos nuestro momento “barco a la deriva” en la vida, ¿no?

En la educación y crianza de mis hijos, intento seguir este principio. Y cuesta. A veces, cuesta mucho. Cuando eran bebés he tenido que sacrificar minutos de paz por hacer las cosas de la manera que he elegido. Para no crearles cortocircuitos cerebrales y que comprendieran cómo funcionan las cosas, he tenido que ser firme y consistente en mis decisiones. Es el camino difícil… pero ha sido el camino que he elegido como madre. Ahora empiezo a ver resultados… me siento satisfecha.

Lucas entiende que si mamá dice no, es no. Que si mamá le dice no, es por una razón aunque no la entienda en el momento. Sabe que se puede rebelar y yo lo escucharé y lo seguiré queriendo… pero mi no, es no. Mi , es . No soy rígida con ellos, pero soy consistente. Requiere esfuerzo, pero creo que son cimientos sólidos que agradecen.

Siempre llega el punto en el que, agotada, cedo. Y siempre que he cedido he visto las consecuencias de una paz ficticia, que dura hasta el siguiente conflicto de intereses. Lo que me da fuerzas para volver a practicar al sendero de cabras que es ser una madre consciente de la vida que quiere transmitir a sus hijos.

¿Cuál es vuestro valor “estrella” en la crianza?

 

El escaparate de tu vida

O como de repente todo el mundo tiene derecho a darte su opinión y juzgar lo que haces.

Esa fue mi primera impresión recién salida del hospital con mi primer hijo. Absolutamente todo el mundo sabía lo que YO tenía que hacer. Además, todo lo que hacía, estaba mal. Todo lo que pensaba era ingenuo. “Ya se te pasará, ya…” , “Ay, estas primerizas”, “Como lo sigas cogiendo en brazos cada vez que llora… no te lo despegas ni con aguarrás” y un largo etc.

Sentía como si mi vida de pronto la estuviese viviendo en un enorme escaparate de tienda por el que la gente pasaba, miraba, comentaba y se iba. Sé que la mayoría de las personas  me dieron sus consejos con muy buenas intenciones, pero… Es un momento vulnerable de tu vida y te pueden hacer sentir MUY insegura.

Al final, unas cuantas lloreras y rabietas después, me di cuenta de que nadie conocía mejor que yo a mi bebé, que cada niño es un mundo y que la crianza tal y como me la había planteado con mi marido, era exactamente lo que quería poner en práctica. No sería perfecto, pero era nuestra decisión.

Con mucho amor, cuando me daban sus “opiniones” les daba las gracias y pacientemente les explicaba a abuelas, tíos, primos, amigos, vecinos y demás que la madre era yo y que mi opinión era otra. Aprendí a escuchar, a tomar lo que me servía y a seguir con lo que pensaba, con lo que mi instinto me decía.

Ser flexible y escuchar, pero ser firme y hacer respetar mis formas fue una liberación que me permitió disfrutar muchísimo más de mi primera experiencia como mamá.