Flexibilidad

Me veo a mí misma un poco rígida a veces; seca, porque agoto el agua de riego y me niego a ir a la Fuente. Por puro agotamiento, por cansancio, por mera cabezonería. Rígida conmigo misma, dura… inflexible.
Y entonces salgo de casa y veo el bambú. Y me acuerdo de las palabras típicas. Los tópicos suelen ser un toque de atención para que nos volvamos a enfocar: sé fuerte y flexible como el bambú.

Hoy me lo repito a mí misma, lo interiorizo y lo pongo en práctica… para seguir viva.

Trinity’s

La idea surgió de forma casual… “Mañana no hay clase, tenemos huelga. Estoy un poco tristona, ¿quedamos?” “Pues me apetecía ir a comprar algunas cosillas para mi habitación, ¿me acompañas?”

Y así quedamos tempranísimo al día siguiente en la parada de bus. Queríamos coger el tren lo antes posible ya que nos esperaba un paseo de casi hora y media. En aquel entonces ninguna teníamos coche…ni siquiera carnet.

A la mañana siguiente, yo esperaba en la parada y no aparecías. Tuve que dejar pasar el autobús mientras te llamaba impaciente. Me contestaste con voz de dormida y supe que nos tocaría coger el siguiente.

Ya de camino a Torrejón, bromeábamos con tu despiste. Yo era poco dormilona y para ti, dormir era un placer. (Cómo lo entiendo ahora que soy madre, amiga)

Llegamos apresuradas a la estación de tren, casi corriendo…tratando de recuperar el tiempo perdido. Pero justo la estaban cerrando, con sus metralletas, los militares. No entendíamos nada. Pensamos que tal vez venía alguien importante a la base militar o que estaban haciendo maniobras. Se nos pasaron mil cosas por la cabeza. Tranquilas, un poco irritadas por los cambios de planes, nos fuimos al Trinity’s a tomar un café y esperar que abriesen la estación otra vez. Y fue allí cuando vimos las imágenes horribles que ponían en todas las cadenas… fue allí donde,temblando y con las manos entrelazadas, escuchamos con horror el destino del tren que habíamos perdido.  Fue en ese café,que hoy ya no existe, donde tratamos frenéticas de llamar a nuestros amigos y conocidos que sabíamos hacían esa ruta normalmente. La camarera lloraba, nosotras también… Lágrimas nerviosas, lágrimas de felicidad cuando conseguíamos contactar con alguien, lágrimas de horror cuando no recibíamos respuesta, lágrimas de soledad cuando llamó y sentí culpabilidad y alivio en sus palabras…pero no amor.

Estábamos atrapadas. Las colas para los autobuses eran interminables. No podíamos volver a casa, no podíamos llegar a ningún otro lugar. Así que allí nos quedamos, en el Trinity’s; hasta que el flujo de gente se relajó y supimos que era “seguro” coger un medio de transporte.

Hoy hace diez años de aquel horror. Perdimos personas cercanas en aquella tragedia. Sentimos la pérdida de los que no conocíamos personalmente. Perdimos la tranquilidad, se cayó la venda de mis ojos en muchos sentidos. Tuvimos miedo de cada lugar de nuestra ciudad. Se instauró el silencio en la bulliciosa Madrid, siempre llena de vida. Ahora apestaba a muerte… A dolor.Y a la vez, fue un principio lleno de sentido y plenitud. Me desbordó el agradecimiento y me llené de un propósito que me dio fuerza.

Gracias, Helena, por compartir mi miedo de aquel día y acompañar mi alma. Gracias por no llegar puntual a nuestra cita y darnos una preciosa oportunidad más para disfrutar de la vida. Y gracias por todos los momentos post Trinity’s que hemos vivido…