Cuadernos de Spanglish

Ser maestra es duro y gratificante. Sobre todo en esta época de exámenes finales- algún día escribiré lo que pienso de las “fantásticas” formas de evaluación a las que nos obligan.  Existen días de desierto cerebral y otros en los que, mis queridos alumnos, están sembrados.

A veces anoto sus ocurrencias en una pequeña libreta, pero debería hacer un recopilatorio con todas las anécdotas que llevo vividas.

Ayer, sin ir más lejos, uno de mis estudiantes me soltó tan pancho:

– Teacher, can I GOrrow a pen, please?

– BOrrow, BOrrow…

– Ah, eso… es que me he liado con lo de ir al “toilet”.

 

Tal cual. Y lo peor es que volverá a repetir el Gorrow la semana que viene. Estoy segura.

Los pequeñitos insisten en repetir cada principio de curso eso de:

My nameiks“… en lugar del simple “is“. Será que cuando es fácil, ya no nos mola tanto la idea de hablar inglés.

El “chicken in the kitchen” es un espectáculo. En cada juego de pruebas que hago, les obligo a repetirlo tres veces seguidas, lo más rápido que puedan. Como Dorothy en el Mago de Oz con su “There´s no place like home“. No falla: “Kitchen in the chicken“. Lo cambian TODOS.

Confusiones entre desert y dessert. Otras correcciones de exámenes en los que bailan “I work as a loyal” en lugar de lawyer… O traducciones locas de la palabra embarrased (embarazada, la mayoría de las veces).

Por si fuera poco, en casa, el idioma estrella es el Spanglish. Así tengo a Stella con:

– Mamá, ponme los socketines rosas, anda.

O a Lucas con:

– Mommy, ¿estás cansada? ¿Por qué? ¿Te duelen las leggas?

Aunque claro, con el padre “setteador de trendas” que tienen… tampoco es de extrañar.

Así que, no os extrañéis si algún día pongo alguna burrada o no conseguís entender lo que escribo. Tengo el cerebro en modo mezcla y esto va “in crescendo”.

 

Spanglish

El idioma oficial de mi casa es el spanglish. Mi chico es canadiense y en casa procuramos  hablar inglés para que los peques aprendan desde el principio los dos idiomas.

La idea era que él hablase siempre en inglés con ellos y yo, en casa en inglés y fuera en español. Al final, cuando estamos con gente siempre hablamos en español. Por educación, más que otra cosa.

En casa…en casa mejor ni os cuento. Tenemos una colección enorme de palabros. No es raro escuchar a Lucas un: “¡Mamá, no encuentro los socketines!” o a mi marido un: “tengo ganas de hangear contigo como antes” o yo misma diciéndole a mi niña cuánto la voy a missear este año por las mañanas.

Igual a vosotros os parece un poco cutre, pero yo me paso el día partiéndome de risa mientras los niños clapean las manos y cantan canciones.

El bilingüismo es un reto pero para nosotros es importante que ellos no pierdan su identidad. El año pasado Lucas dejó de hablar inglés y me dijo muy serio que sólo iba a hablar español porque en el cole se habían reído de él por decir Spiderman en vez de Espiderman. Me  costó sudor y lágrimas que se atreviese otra vez.

Lo importante en esto es ser muy constante, ser  natural, transmitirles confianza y tener paciencia.

¿Alguien más está practicando el bilingüismo? ¿Tenéis algún truquillo?