La Huerta de Las Flores

El jueves era festivo en Madrid y aprovechamos el día para desconectar del estrés y subir a la Sierra.

Los chicos tenían un evento, pero no sabían explicarnos muy bien en qué consistía.  Cuando llegué allí… sólo puedo decir que me engañaron. Pero para bien. Ante mis ojos, la Huerta de las Flores se presentaba mágica y radiante, llena de fruto y verde para darnos la bienvenida. Un sitio mágico y perfecto para el día que nos esperaba: un almuerzo Pop Up de Norema Salinas Catering.

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Aprovecho para recalcar que esta entrada no tiene como objetivo publicitar a esta empresa. Ante todo, son amigos y quiero compartir con vosotros la experiencia tan fantástica que disfrutamos. Profesionales como la copa de un pino, pero cercanos y generosos. Detallistas, cuidadosos con cada bocado y cada set… pero personas auténticas que, de corazón, quisieron que formasemos parte de aquel evento.

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Dicho esto, os hablo un poco del proyecto de La Huerta. Tres familias, un objetivo, mucho trabajo e ilusión a raudales. En La Huerta se cultivan todo tipo de delicias de manera tradicional y ecológica, libre de pesticidas, insecticidas y demás. Trabajo diario, artesanal, duro… pero que tiene recompensa cuando saboreas el producto final. Da gusto ver que hay gente joven que se preocupa, se implica y se compromete con la Tierra y con la salud. Arranca ahora lo grande, pero llevan mucho tiempo trabajando en lo pequeño. Un gusto. La localización quita el hipo. Una huerta gigantesca rodeada por la Sierra Norte madrileña. La inmensidad tocando el cielo.

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La degustación de los productos de La Huerta nos transportó a la gloria, mientras nuestros “intrusos” amenizaban el tiempo de copas “chillout rústico” (alpacas de paja recubiertas de lino, básicamente) con sus mochilas sonoras. Tiempo de música y relax.

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Así empezó el almuerzo, con unos aperitivos riquísimos y naturales en forma de queso con miel autóctona, polen, pisto y calabacines de la huerta, cervezas artesanales exquisitas (no exagero ni un poco, os lo prometo) y fresquitas y gazpacho diferente.

Un pequeño adelanto de lo que nos esperaba en la mesa…

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Fue un día festivo en el que mayores y pequeños disfrutamos como locos de la comida, las vistas, las compañías, las flores, el agua, el campo y la amistad.

Gracias a todos por vuestro esfuerzo y vuestro trabajo. Desde el chef, hasta la organizadora, los camareros, los hortelanos, los músicos, los amigos que nos acompañaron hasta los niños. Todo fue especial, cada minuto mereció la pena.

No puedo esperar a la siguiente.

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Reconciliación con la Alcarria

Y lo digo así de claro, porque por primera vez vuelvo de Guadalajara ciudad con una sonrisa en la cara.

Para poneros en situación, os contaré que precisamente en el peor momento de mi vida personal, los planetas se alinearon y mi maravillosa universidad complutense (la de Alcalá, que es la original aunque los gatos madrileños nos hayamos apropiado del nombre) decidió mandarnos a Guadalajara a estudiar Magisterio.

Ir hasta allí era mi tortura personal. A pesar de vivir no demasiado lejos, en transporte público gastaba de media tres horas al día, entre ida y vuelta. Eso, los días en los que no perdía ninguna de las conexiones. No era lo más recomendable para la poca motivación que tenía.

Guadalajara me parecía fría, gris, fea, sosa. La miraba con mis ojos cansados por la mañana, con mis ojos decepcionados al acabar las clases. Guadalajara era sinónimo de rutina tediosa, salvo por los compañeros y los ratitos en “El Walter” (bareto del al lado que hacía las veces de Cantina). Proyectaba en la ciudad mis ruinas interiores.

Así que esta semana, he cambiado al fin mi perspectiva. Todo gracias a una persona vital a la que tengo que agradecer un café agradable y un bizcocho muy rico en la mejor de las compañías. Al salir de ahí, hasta he descubierto algunos parques (un poquito de verde sobre el gris), he pasado por la universidad y el edificio no me ha molestado tanto a la vista, he apreciado el Palacio del Infantado y he suspirado con nostalgia al ver que mi querido Walter se ha transformado en “El rincón Alternativo“. Mucho más universitario, sin duda.

Ir en coche ha reducido mi impresión de estar encarcelada allí; he leído los carteles de la miel alcarreña y mi bolso, precioso y primaveral, me hace pensar en una una ciudad más amable que la de mis recuerdos.

Así que, gracias Let´s Rock Mamy y Dandelion Breeze por reconciliarme con la Alcarria de mis años estudiantiles.