Pequeños emprendedores y una receta de regalo.

Pues sí, ya sé que esto no es un blog de recetas; en realidad, esto es un batiburrillo de cosas que hago, pienso,  observo o experimento. La cocina me interesa porque me encanta la comida y disfruto cocinando, pero además, tengo una razón poderosa para escribir una receta hoy.

Desde hace dos semanas, Lucas y Stella están jugando a tener un restaurante “real” en casa. Empezaron con una oportuna comunicación a nosotros, sus padres:

Mamá, daddy, we are going to have a restaurant. We want to get some money.

– (Con cara de pasmada) ¿Qué? ¿Dinero? ¿Restaurante? Explica despacio, anda.

Sí, sí. Vamos a mandar un whatsapp con tu teléfono a todos nuestros amigos “mayores” (esto es, mis amigos que ellos se han apropiado…jajajaja) y les vamos a invitar a que vengan al restaurante. Pero tienen que pagar por lo menos tres euros. 

Durante esta conversación con mi hijo mayor, la pequeña asiente y refuerza con palabras como: sí, restaurante, amigos, dinero.

Yo estoy alucinando en colores. No entiendo la parte del dinero, así que tiro del hilo un poquito más.

Estamos jugando a crear empresas. Queremos ganar dinero para que te compres un coche que tenga música y aire acondicionado.

Ahora entiendo. El Citroën Saxo no les parece un bólido adecuado. La verdad es que en verano es infernal. Mis pequeños emprendedores están hartos de su madre y su medio de transporte.

Lo sorprendente (además de su forma de expresarse…os prometo que no sé de dónde sacan lo de “crear empresas”) es que ya tienen plan de acción; en cuestión de dos horas han buscado un nombre, han elaborado una carta y me presionan para ayudarles a hacer el recetario y probar comidas que puedan funcionar.

Yo les sigo el rollo porque con la tontería están escribiendo, dibujando, cocinando conmigo, sumando, restando y sobre todo… pasándoselo genial.

Así que estos días hemos hecho desde bizcochos hasta curry, pasando por heladitos, macedonias de frutas, cake pops, sopas de verduras varias, etc. No os puedo desvelar la carta ni el nombre del restaurante hasta que no abran oficialmente el fin de semana que viene.

Hoy os dejo con uno de sus platos estrella, sólo apto para personas con cierto gustillo por las especias.

Así queda...

Así queda…

QUESO PANEER (para curry vegetariano)

  • INGREDIENTES:
    • dos litros de leche entera (si es fresca, mejor)
    • 1/4 de vaso de zumo de limón
  • CÓMO SE HACE:
    • Pon a hervir la leche en una olla o cazuela. Es muy importante que lo remuevas todo el rato para que la leche no se queda pegada en el recipiente.
    • En el momento de ebullición, retira la leche del fuego y añade el zumo de limón para cortarla.
    • Sigue removiendo unos minutos. Verás cómo se empiezan a hacer grumos separándose el suero.
    • Cuando veas que hay bastante grumo, vierte el contenido en un colador grande o escurridor que previamente hemos recubierto con el pañuelo. Así separarás definitivamente el líquido del grumo.

      nosotros hemos usado una vaporera

    • El pañuelo no tiene por qué ser especial para queso (aunque los hay, si buscáis en internet “cheese clothing” veréis que es bastante común). Nos vale un pañuelo blanco de tela de los de toda la vida, o las que sois mamás tendréis algún pañuelo/gasa de bebé o simplemente un filtro de café grande. El objetivo es escurrir el máximo de agua, sin perder lo sólido.
    • Presiona lo máximo posible (cuidado con no quemarse) y deja escurrir unos minutos. Cuando no esté tan caliente, dale la forma que deseas y déjalo escurrir aún más; esta vez pon encima algo de peso (una olla más pequeña con un litro de agua es suficiente).
      • En cuarenta minutos tendrás tu queso paneer casero.

Este queso no tiene sabor. Es como comer queso fresco pero todavía más insípido. Nosotros sólo lo usamos para luego cocinarlo con el curry cuando vienen amigos vegetarianos. Con la salsa del curry, el queso se impregna de sabor y el resultado es otra cosa. Si lo quieres para comerlo sólo… mejor prueba una receta de requesón o queso fresco. 😉

Después de preparar la salsa de curry, cortas el queso paneer en cubos y los incorporas para que cojan todo el sabor.

Deja que el queso repose con la salsa quince minutos a fuego lento y añade cilantro fresco al gusto.

Añade arroz si quieres completar el menú. ¡Tachán!

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La Huerta de Las Flores

El jueves era festivo en Madrid y aprovechamos el día para desconectar del estrés y subir a la Sierra.

Los chicos tenían un evento, pero no sabían explicarnos muy bien en qué consistía.  Cuando llegué allí… sólo puedo decir que me engañaron. Pero para bien. Ante mis ojos, la Huerta de las Flores se presentaba mágica y radiante, llena de fruto y verde para darnos la bienvenida. Un sitio mágico y perfecto para el día que nos esperaba: un almuerzo Pop Up de Norema Salinas Catering.

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Aprovecho para recalcar que esta entrada no tiene como objetivo publicitar a esta empresa. Ante todo, son amigos y quiero compartir con vosotros la experiencia tan fantástica que disfrutamos. Profesionales como la copa de un pino, pero cercanos y generosos. Detallistas, cuidadosos con cada bocado y cada set… pero personas auténticas que, de corazón, quisieron que formasemos parte de aquel evento.

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Dicho esto, os hablo un poco del proyecto de La Huerta. Tres familias, un objetivo, mucho trabajo e ilusión a raudales. En La Huerta se cultivan todo tipo de delicias de manera tradicional y ecológica, libre de pesticidas, insecticidas y demás. Trabajo diario, artesanal, duro… pero que tiene recompensa cuando saboreas el producto final. Da gusto ver que hay gente joven que se preocupa, se implica y se compromete con la Tierra y con la salud. Arranca ahora lo grande, pero llevan mucho tiempo trabajando en lo pequeño. Un gusto. La localización quita el hipo. Una huerta gigantesca rodeada por la Sierra Norte madrileña. La inmensidad tocando el cielo.

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La degustación de los productos de La Huerta nos transportó a la gloria, mientras nuestros “intrusos” amenizaban el tiempo de copas “chillout rústico” (alpacas de paja recubiertas de lino, básicamente) con sus mochilas sonoras. Tiempo de música y relax.

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Así empezó el almuerzo, con unos aperitivos riquísimos y naturales en forma de queso con miel autóctona, polen, pisto y calabacines de la huerta, cervezas artesanales exquisitas (no exagero ni un poco, os lo prometo) y fresquitas y gazpacho diferente.

Un pequeño adelanto de lo que nos esperaba en la mesa…

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Fue un día festivo en el que mayores y pequeños disfrutamos como locos de la comida, las vistas, las compañías, las flores, el agua, el campo y la amistad.

Gracias a todos por vuestro esfuerzo y vuestro trabajo. Desde el chef, hasta la organizadora, los camareros, los hortelanos, los músicos, los amigos que nos acompañaron hasta los niños. Todo fue especial, cada minuto mereció la pena.

No puedo esperar a la siguiente.

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